This movie requires Flash Player 9

Archive for Febrero, 2010

Recordar a Diamand

Martes 16 de Febrero de 2010 2 comentarios

Por Demian Tupac Panigo *

A dos años y medio del fallecimiento de uno de los hombres más influyentes en materia de política económica en nuestro país, no es mi intención repetir aquí algún tipo de obituario que resalte vida y obra del ingeniero Marcelo Diamand. ¿Para qué resaltar su ausencia material, cuando resulta más importante explicar su vigencia absoluta tanto en la política económica, cuanto en la academia e, incluso, en la generación de nuevas instituciones? ¿Por qué repasar su vida con cierta nostalgia si sus recomendaciones constituyen el pilar central del proceso de crecimiento con inclusión social más exitoso de los últimos 50 años? ¿Por qué hablar en pasado de sus escritos cuando buena parte de ellos no solamente son de lectura obligatoria en algunas de la universidades más importantes del país, sino que también constituyen la piedra fundacional de nuevas y prestigiosas instituciones como AEDA? No necesitamos obituarios, sino recordar permanentemente en qué consiste su legado respecto del problema de la estructura productiva desequilibrada de nuestro país, y cuál es el camino hacia la solución.

Argentina tiene una bendición: sus tierras, las más productivas del mundo. Pero el hecho de que estén en unas pocas manos genera ciertos inconvenientes, especialmente cuando el país no cuenta con una industria igualmente competitiva (debido a que para este sector, los privilegios de la naturaleza no tienen efecto alguno sobre la productividad).

¿Cuál es el problema? Los productos agrícolas son los que tienen más peso en la canasta de consumo de los trabajadores (alimentos), pero generan muchos menos puestos de trabajo que las manufacturas no tradicionales.

Para llegar al pleno empleo, no hay otro camino que la industrialización. Para que la industria se desarrolle tiene que poder competir con los productos internacionales, lo que requiere (entre otras cosas, por supuesto) el sostenimiento de un dólar caro (tipo de cambio real competitivo). Si mantenemos un dólar barato (como en los ’90) la industria desaparece y la tasa de desempleo llega al 30 por ciento, porque en vez de producirse en el país, todos los productos industriales se terminarán importando.

Pero sin intervención adicional del sector público, un dólar caro es lo mismo que un salario barato. Al aumentar el precio del dólar aumenta el precio de los bienes transables, especialmente el de los alimentos, reduciendo así el poder adquisitivo de los trabajadores. Es por ello que desde 2003 en adelante el tipo de cambio real competitivo es complementado con un esquema de retenciones, compensaciones y acuerdos de precios que establece, de facto, un sistema de tipos de cambios múltiples que permite incrementar notablemente tanto el empleo como los salarios reales.

Este esquema de tipos de cambio múltiples establece un tipo de cambio efectivo más elevado para los sectores que generan más empleo y cuyos productos participan con menor intensidad en la canasta básica de consumo de los trabajadores (porque en estos casos el aumento de precios que se genera con el tipo de cambio más elevado contribuye a generar empleo en el sector sin que ello perjudique sensiblemente el poder adquisitivo de los trabajadores: por ejemplo autos, textiles, electrodomésticos, computadoras, aires acondicionados, etc.) y un tipo de cambio efectivo más bajo para sectores que generan pocos puestos de trabajo pero que producen bienes o servicios de elevada participación en la canasta básica de consumo de los trabajadores (alimentos, combustibles, energía, etc.).

De lo anterior se desprende una conclusión a recordar al momento de ejercer nuestros derechos cívicos: si usted es dueño o empleado de un banco o tiene acciones de las empresas de servicios públicos privatizados, quizá le convenga un dólar barato como en los ’90; si tiene campos, inversiones en pools de soja, acciones en YPF o en empresas industriales que venden la mayor parte de su producción al exterior, es posible que le convenga un dólar caro, sin retenciones compensaciones ni acuerdos de precios (al menos hasta tanto el Gobierno pueda reprimir los reclamos salariales); pero si usted es un obrero, un empleado público, un comerciante, un empresario del sector servicios no financieros, el dueño de una empresa constructora o un pequeño empresario industrial, no se deje engañar, su bienestar depende de su defensa al dólar caro con retenciones, compensaciones y acuerdos de precios, porque con las otras alternativas, venderá poco, estará desocupado o tendrá salarios miserables.

* Doctor en Economía (Ehess), investigador del Conicet y del Cepremap (París), profesor de la UBA y UNLP. Miembro del Profope.

Originalmente publicado el 15/2 en: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-140292-2010-02-15.html

PROFOPE » 2010 » Febrero




Diseñado por DALEQUEVA para PROFOPE